Sarampión en Chile: La alta contagiosidad que pone en alerta las vacaciones
La detección de un lactante de 11 meses infectado con sarampión tras ingresar al país ha puesto nuevamente en el debate público la vulnerabilidad ante enfermedades que se creían controladas. Según los expertos, el sarampión posee un índice de contagiosidad extremadamente alto: se estima que una persona infectada puede transmitir el virus hasta a 18 personas en un entorno sin inmunidad. La transmisión se produce de manera aérea, a través de micro gotas que quedan suspendidas en el ambiente tras hablar, toser o estornudar, lo que facilita su propagación en lugares cerrados o de alta concurrencia.
Los síntomas iniciales suelen confundirse con un cuadro respiratorio agudo. Sin embargo, el signo más característico son las manchas rojas que comienzan en la cabeza y se extienden al resto del cuerpo. Es en este periodo inicial cuando el riesgo de contagio es mayor, y donde la identificación precoz resulta fundamental para evitar complicaciones graves como neumonía, ceguera o inflamaciones cerebrales, las cuales pueden dejar secuelas permanentes o ser fatales.
El grupo de mayor riesgo lo constituyen los lactantes menores de un año, quienes por calendario aún no han recibido su primera dosis de la vacuna. Asimismo, adultos que no completaron su esquema de vacunación son blancos vulnerables ante la reintroducción del virus. Las autoridades sanitarias enfatizan que la vacunación es la única herramienta de protección efectiva, recomendando especialmente que quienes planeen viajar al extranjero revisen su historial de inmunización, dado que la circulación del virus es mucho más activa en otras regiones del mundo.
Ante la sospecha de contagio, la recomendación técnica es el aislamiento inmediato y la consulta médica utilizando mascarilla para proteger al resto de la población. La vigilancia epidemiológica se mantiene activa en todo el país para realizar el seguimiento de los contactos estrechos y bloquear cualquier cadena de transmisión. El llamado es a no bajar la guardia y entender que mantener el carnet de vacunación al día es un acto de responsabilidad colectiva para proteger a quienes todavía no pueden ser inoculados.





































