Tren Transandino sigue marcando la identidad de Los Andes
Pese a que el ferrocarril dejó de operar en el año 1984, en la ciudad todavía existen agrupaciones de ferroviarios y sus familias
A 116 años de su inauguración, el Tren Transandino sigue instalado en la memoria histórica como una de las mayores apuestas de integración entre Chile y Argentina, una obra que surgió en respuesta a las amenazas que imponía el comercio global a comienzos del siglo XX. La inminente apertura del Canal de Panamá anticipaba un golpe a los puertos locales, por lo que conectar ambos países a través de la cordillera se transformó en una necesidad estratégica para sostener el desarrollo económico.
El proyecto, impulsado por los hermanos Juan y Mateo Clark, implicó uno de los mayores desafíos de ingeniería de la época. Cruzar la cordillera de los Andes no solo exigió innovación técnica, sino también enfrentar condiciones extremas que pusieron a prueba a trabajadores y diseñadores. Aun así, el sueño se concretó con la inauguración del 5 de abril de 1910, marcando un hito en la conectividad binacional.
El impacto fue inmediato, especialmente en Los Andes, donde gran parte de la población se vinculó directamente al funcionamiento del ferrocarril. Durante décadas, el Transandino no solo facilitó el intercambio comercial, sino que también se convirtió en un motor social y laboral.
Sin embargo, la dureza de la cordillera también cobró su precio: un aluvión en el lado argentino obligó a suspender el servicio durante diez años, evidenciando la fragilidad de la obra frente a la naturaleza. Pese a su posterior reinauguración, el declive fue inevitable. En 1979 se clausuró el servicio de pasajeros y en 1984 el de carga, sellando el fin de una era. Hoy, el recuerdo del Transandino persiste en los relatos de antiguos ferroviarios y en los restos de vías que aún atraviesan la montaña.



































