Con el avance de la temporada estival, en el valle de Aconcagua es habitual que muchas familias dejen sus hogares para viajar a la costa, recorrer otras zonas del país, salir al extranjero o visitar a familiares. Estas salidas, propias del periodo de vacaciones, provocan que numerosas viviendas queden deshabitadas por varios días o semanas, situación que puede ser aprovechada por delincuentes. Ante este escenario, una de las principales recomendaciones es coordinarse con los vecinos para que estén atentos a las casas que quedan solas. La presencia activa de la comunidad permite reducir las oportunidades de delito, ya que quienes buscan cometer ilícitos suelen recorrer barrios y poblaciones identificando viviendas sin moradores ni movimiento visible. A este apoyo vecinal se suma el trabajo que realizan las secciones OS14 en todo el valle de Aconcagua, que desarrollan patrullajes mixtos entre carabineros y funcionarios de seguridad pública municipal. Estos recorridos refuerzan la vigilancia en distintos sectores y permiten una respuesta más oportuna frente a situaciones sospechosas. Además, existe la opción de informar al departamento de Seguridad Pública sobre los periodos en que las viviendas quedarán desocupadas, lo que facilita aumentar los patrullajes preventivos en esas zonas. Con estas medidas, las familias pueden disfrutar con mayor tranquilidad de sus vacaciones y regresar con la satisfacción de no haber sido víctimas de delitos en sus hogares.
Durante los últimos meses, distintos sectores de Los Andes han visto repetirse una situación que tiene cansados a los vecinos. Plazuelas, esquinas de pasajes y hasta veredas se están transformando en verdaderos microbasurales, con los riesgos sanitarios que esto implica. Según denuncian residentes, el problema surge porque personas de otros puntos de la ciudad -e incluso de comunas cercanas- llegan a cualquier hora a botar sus desechos sin el menor reparo. Resolver el problema no es algo inmediato, y eso aumenta la molestia de los vecinos. Los puntos críticos se repiten: villa Sarmiento, las calles Raúl Vargas y Pedro Aguirre Cerda, villa El Horizonte, población Gabriela Mistral y el barrio Centenario, entre otros. Ante este escenario, el municipio andino está evaluando distintas alternativas para frenar la situación. Aunque se trata de un tema complejo, coinciden en que la salida es una sola: aplicar sanciones a quienes insistan en botar basura donde no corresponde. Por otra parte, se plantea que los propios vecinos puedan ayudar identificando -cuando sea posible- los vehículos, sus patentes y a quienes los ocupan, siempre con total discreción y sin exponerse a enfrentamientos. Esa información puede ser denunciada de manera anónima en la OIRS del municipio o al teléfono 342 507 839. Resulta llamativo, por decir lo menos, que esta situación ocurra en una ciudad que cuenta con varios sistemas de recolección de residuos. Están los camiones de carga trasera que pasan día por medio por todos los sectores, los camiones de carga lateral que vacían los contenedores más grandes, el sistema de recolección soterrada y, además, la opción de solicitar una batea para desechar escombros, muebles, electrodomésticos u otros elementos voluminosos. Pese a todas estas alternativas, este problema -que ya se considera un asunto de salud pública- se origina principalmente en la falta de conciencia y de cultura de quienes siguen generando estos microbasurales.
Con el avance de la temporada estival, en el valle de Aconcagua es habitual que muchas familias dejen sus hogares para viajar a la costa, recorrer otras zonas del país, salir al extranjero o visitar a familiares. Estas salidas, propias del periodo de vacaciones, provocan que numerosas viviendas queden deshabitadas por varios días o semanas, situación que puede ser aprovechada por delincuentes. Ante este escenario, una de las principales recomendaciones es coordinarse con los vecinos para que estén atentos a las casas que quedan solas. La presencia activa de la comunidad permite reducir las oportunidades de delito, ya que quienes buscan cometer ilícitos suelen recorrer barrios y poblaciones identificando viviendas sin moradores ni movimiento visible. A este apoyo vecinal se suma el trabajo que realizan las secciones OS14 en todo el valle de Aconcagua, que desarrollan patrullajes mixtos entre carabineros y funcionarios de seguridad pública municipal. Estos recorridos refuerzan la vigilancia en distintos sectores y permiten una respuesta más oportuna frente a situaciones sospechosas. Además, existe la opción de informar al departamento de Seguridad Pública sobre los periodos en que las viviendas quedarán desocupadas, lo que facilita aumentar los patrullajes preventivos en esas zonas. Con estas medidas, las familias pueden disfrutar con mayor tranquilidad de sus vacaciones y regresar con la satisfacción de no haber sido víctimas de delitos en sus hogares.
Durante los últimos meses, distintos sectores de Los Andes han visto repetirse una situación que tiene cansados a los vecinos. Plazuelas, esquinas de pasajes y hasta veredas se están transformando en verdaderos microbasurales, con los riesgos sanitarios que esto implica. Según denuncian residentes, el problema surge porque personas de otros puntos de la ciudad -e incluso de comunas cercanas- llegan a cualquier hora a botar sus desechos sin el menor reparo. Resolver el problema no es algo inmediato, y eso aumenta la molestia de los vecinos. Los puntos críticos se repiten: villa Sarmiento, las calles Raúl Vargas y Pedro Aguirre Cerda, villa El Horizonte, población Gabriela Mistral y el barrio Centenario, entre otros. Ante este escenario, el municipio andino está evaluando distintas alternativas para frenar la situación. Aunque se trata de un tema complejo, coinciden en que la salida es una sola: aplicar sanciones a quienes insistan en botar basura donde no corresponde. Por otra parte, se plantea que los propios vecinos puedan ayudar identificando -cuando sea posible- los vehículos, sus patentes y a quienes los ocupan, siempre con total discreción y sin exponerse a enfrentamientos. Esa información puede ser denunciada de manera anónima en la OIRS del municipio o al teléfono 342 507 839. Resulta llamativo, por decir lo menos, que esta situación ocurra en una ciudad que cuenta con varios sistemas de recolección de residuos. Están los camiones de carga trasera que pasan día por medio por todos los sectores, los camiones de carga lateral que vacían los contenedores más grandes, el sistema de recolección soterrada y, además, la opción de solicitar una batea para desechar escombros, muebles, electrodomésticos u otros elementos voluminosos. Pese a todas estas alternativas, este problema -que ya se considera un asunto de salud pública- se origina principalmente en la falta de conciencia y de cultura de quienes siguen generando estos microbasurales.