Durante los últimos meses, distintos sectores de Los Andes han visto repetirse una situación que tiene cansados a los vecinos. Plazuelas, esquinas de pasajes y hasta veredas se están transformando en verdaderos microbasurales, con los riesgos sanitarios que esto implica. Según denuncian residentes, el problema surge porque personas de otros puntos de la ciudad -e incluso de comunas cercanas- llegan a cualquier hora a botar sus desechos sin el menor reparo. Resolver el problema no es algo inmediato, y eso aumenta la molestia de los vecinos. Los puntos críticos se repiten: villa Sarmiento, las calles Raúl Vargas y Pedro Aguirre Cerda, villa El Horizonte, población Gabriela Mistral y el barrio Centenario, entre otros. Ante este escenario, el municipio andino está evaluando distintas alternativas para frenar la situación. Aunque se trata de un tema complejo, coinciden en que la salida es una sola: aplicar sanciones a quienes insistan en botar basura donde no corresponde. Por otra parte, se plantea que los propios vecinos puedan ayudar identificando -cuando sea posible- los vehículos, sus patentes y a quienes los ocupan, siempre con total discreción y sin exponerse a enfrentamientos. Esa información puede ser denunciada de manera anónima en la OIRS del municipio o al teléfono 342 507 839. Resulta llamativo, por decir lo menos, que esta situación ocurra en una ciudad que cuenta con varios sistemas de recolección de residuos. Están los camiones de carga trasera que pasan día por medio por todos los sectores, los camiones de carga lateral que vacían los contenedores más grandes, el sistema de recolección soterrada y, además, la opción de solicitar una batea para desechar escombros, muebles, electrodomésticos u otros elementos voluminosos. Pese a todas estas alternativas, este problema -que ya se considera un asunto de salud pública- se origina principalmente en la falta de conciencia y de cultura de quienes siguen generando estos microbasurales.
Las esquinas de Licanray con Michimalongo, Licanray con Uruguay, Licanray con Lincoyán, y toda la cuadra de Raúl Vargas -detrás de la Casa Municipal de la Mujer- se han convertido en verdaderos microbasurales. Desde que comenzaron las podas de árboles, muchas personas han dejado residuos vegetales en esquinas y áreas verdes, situación que ha sido aprovechada por personas inescrupulosas que llegan desde distintos sectores de la ciudad a botar basura domiciliaria, electrodomésticos en mal estado, colchones, escombros, botellas e incluso piezas de vehículos. Todo esto ha generado gran molestia entre los vecinos, quienes sienten que viven entre verdaderos vertederos urbanos. Una situación que, según los vecinos, ya no da para más. Y es que el problema ha dejado de ser solo estético: no se trata únicamente de la acumulación de basura ni del mal olor, sino de un riesgo sanitario latente, con la posible proliferación de roedores e insectos. La plaza Javiera Carrera, en la población Gabriela Mistral, ha quedado prácticamente inutilizable por esta razón. A eso se suma que la sede de la junta de vecinos de las Cuatro Villas enfrenta otro microbasural justo en su entrada principal. Casos como estos se repiten en distintos puntos del sector, agravando el malestar de la comunidad. El problema es grave, especialmente para los vecinos directamente afectados, quienes aseguran que, aunque los restos de podas son retirados periódicamente, no pasa más de un día antes de que los microbasurales vuelvan a formarse, como si reaparecieran por arte de magia. Esta situación ha generado frustración en la comunidad, que ve cómo sus esfuerzos por mantener sus entornos limpios, se ven opacados por la irresponsabilidad de algunos.
Durante los últimos meses, distintos sectores de Los Andes han visto repetirse una situación que tiene cansados a los vecinos. Plazuelas, esquinas de pasajes y hasta veredas se están transformando en verdaderos microbasurales, con los riesgos sanitarios que esto implica. Según denuncian residentes, el problema surge porque personas de otros puntos de la ciudad -e incluso de comunas cercanas- llegan a cualquier hora a botar sus desechos sin el menor reparo. Resolver el problema no es algo inmediato, y eso aumenta la molestia de los vecinos. Los puntos críticos se repiten: villa Sarmiento, las calles Raúl Vargas y Pedro Aguirre Cerda, villa El Horizonte, población Gabriela Mistral y el barrio Centenario, entre otros. Ante este escenario, el municipio andino está evaluando distintas alternativas para frenar la situación. Aunque se trata de un tema complejo, coinciden en que la salida es una sola: aplicar sanciones a quienes insistan en botar basura donde no corresponde. Por otra parte, se plantea que los propios vecinos puedan ayudar identificando -cuando sea posible- los vehículos, sus patentes y a quienes los ocupan, siempre con total discreción y sin exponerse a enfrentamientos. Esa información puede ser denunciada de manera anónima en la OIRS del municipio o al teléfono 342 507 839. Resulta llamativo, por decir lo menos, que esta situación ocurra en una ciudad que cuenta con varios sistemas de recolección de residuos. Están los camiones de carga trasera que pasan día por medio por todos los sectores, los camiones de carga lateral que vacían los contenedores más grandes, el sistema de recolección soterrada y, además, la opción de solicitar una batea para desechar escombros, muebles, electrodomésticos u otros elementos voluminosos. Pese a todas estas alternativas, este problema -que ya se considera un asunto de salud pública- se origina principalmente en la falta de conciencia y de cultura de quienes siguen generando estos microbasurales.
Las esquinas de Licanray con Michimalongo, Licanray con Uruguay, Licanray con Lincoyán, y toda la cuadra de Raúl Vargas -detrás de la Casa Municipal de la Mujer- se han convertido en verdaderos microbasurales. Desde que comenzaron las podas de árboles, muchas personas han dejado residuos vegetales en esquinas y áreas verdes, situación que ha sido aprovechada por personas inescrupulosas que llegan desde distintos sectores de la ciudad a botar basura domiciliaria, electrodomésticos en mal estado, colchones, escombros, botellas e incluso piezas de vehículos. Todo esto ha generado gran molestia entre los vecinos, quienes sienten que viven entre verdaderos vertederos urbanos. Una situación que, según los vecinos, ya no da para más. Y es que el problema ha dejado de ser solo estético: no se trata únicamente de la acumulación de basura ni del mal olor, sino de un riesgo sanitario latente, con la posible proliferación de roedores e insectos. La plaza Javiera Carrera, en la población Gabriela Mistral, ha quedado prácticamente inutilizable por esta razón. A eso se suma que la sede de la junta de vecinos de las Cuatro Villas enfrenta otro microbasural justo en su entrada principal. Casos como estos se repiten en distintos puntos del sector, agravando el malestar de la comunidad. El problema es grave, especialmente para los vecinos directamente afectados, quienes aseguran que, aunque los restos de podas son retirados periódicamente, no pasa más de un día antes de que los microbasurales vuelvan a formarse, como si reaparecieran por arte de magia. Esta situación ha generado frustración en la comunidad, que ve cómo sus esfuerzos por mantener sus entornos limpios, se ven opacados por la irresponsabilidad de algunos.